Menu


Concha Espina no tiene quien le salve la casa


El Ayuntamiento. astorgano ha colocado vallas de protección frente a la casa que habitara la poeta y narradora Concha Espina (1869-1955) ante el serio riesgo de ruina que presenta. Aquí fue donde alumbró una de sus obras clave, ‘La esfinge maragata’. Por E. Gancedo.


Concha Espina.
Concha Espina.

No fue una especie de best seller de la época, pero casi. Además, la novela La esfinge maragata —publicada en 1914— tuvo el importante efecto colateral de dar a conocer en el país entero y en toda la comunidad hispanohablante la existencia y las cosas propias de Maragatería, la enigmática y cautivadora comarca leonesa, con su colorista indumentaria tradicional, su viejo folclore y esa secular dureza de paisaje que hasta la llegada del tren obligó a sus hombres a ejercer —con una honestidad de todo punto legendaria— el oficio de la arriería.

El libro fue uno de los primeros escritos por la santanderina Concha Espina, una de las grandes autoras españolas de todos los tiempos (fue candidata, y en tres ocasiones, al premio Nobel), y a juicio de los expertos obra que la revela como importante creadora de mundos novelescos, «con sensibilidad observadora y capaz de encontrar un equilibrio armonioso entre la ficción novelesca y la realidad humana», escribe Carmen Díaz, autora del prólogo a la última edición del libro bajo el sello de Castalia.

De los pasos de Concha Espina por la comarca quedan más símbolos que huellas: la casona arriera de Castrillo de los Polvazares (es el pueblo que se esconde bajo el inventado topónimo de Valdecruces) donde vivió junto a una familia para ambientar la novela luce bajorrelieve, y otra efigie y leyenda ostenta la casa en la que residió en Astorga, hoy en venta y en situación muy penosa. Tanto, que el Consistorio se ha visto obligado a instalar vallas protectoras para impedir que la caída de materiales pueda afectar a los viandantes. «El estado es lamentable, y yo creo que el Ayuntamiento debería estudiar la fórmula para garantizar la pervivencia de la fachada del edificio, bien mediante la adquisición del mismo o con la exigencia de su mantenimiento a los propietarios», afirma Tomás Álvarez, periodista, escritor y dinamizador cultural de la zona. «Desde el punto de vista, digamos, ‘inmobiliario’, el edificio es de escaso interés, pero desde el punto de vista literario sí que lo tiene», explicó, y argumentó que Astorga «aún tiene una tarea por hacer en el plano literario. Se ha actuado en algunos flancos, como la Casa Panero, pero queda por realizar una acción global de Astorga como territorio literario».

Una ruta literaria completa

«En esta ciudad hay lugares ligados no solo a los integrantes de la Escuela de Astorga, sino a otros autores como en este caso de Concha Espina —reflexionó Álvarez—. Al lado de la casa donde ella residió está el Seminario, donde residieron gentes como Modesto Lafuente o Gil y Carrasco. Bien estaría que con estos y otros nombres ilustres (el pintor y escritor surrealista Eugenio Granell también paso épocas aquí, por ejemplo) se articulase una ruta literaria con destino a los viajeros amantes de las letras, que encontrarían un valor emocional añadido a esta ciudad bimilenaria».

En cuanto a los actuales propietarios, adquirieron el inmueble cuando era ya una ruina y ahora mismo sólo esperan una oferta razonable para venderla. Desde el municipio maragato, la concejala de Cultura, María Emilia Villanueva, no contempla acción alguna sobre la casa a corto plazo ya que el Ayuntamiento «tiene otras prioridades en este momento», aunque en 2016 una iniciativa ciudadana solicitó un proyecto para transformar el edificio en Museo de Concha Espina. Eso sí, no se cierra a iniciativas que vengan de fuera. Abruma, por ejemplo, la comparación con la hermosura actual de la casa cántabra que habitó.

En 2014, las jornadas Marzo en femenino se dedicaron a Concha Espina, con conferencias y otros actos, y aunque el gobierno municipal era entonces de otro signo, tampoco se demostró mayor interés en el inmueble donde la autora inició un libro de tanto éxito que hasta contó con versión cinematográfica —muy musical— propia. La firmó Antonio Obregón y Paquita de Ronda hacía en ella de Mariflor.


Sigue leyendo en Diario de León  


03/01/2018 |Leido 149 veces |



Nuevo comentario:



Suscríbete a nuestro Newsletter