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Cecilia Quílez: «No me interesa ganar premios, te exigen que vendas tu alma»



Cecilia Quílez con los amantes que más la satisfacen: los libros - David García Torrado
Cecilia Quílez con los amantes que más la satisfacen: los libros - David García Torrado
Escribía desde niña, pero empezó a publicar siendo ya madre y con casi cuarenta años. Pero, ya saben, más vale tarde que nunca. Apuntemos los nombres de esta mujer y poetisa y los de sus libros editados: La posada del dragón (Huerga y Fierro); Un mal ácido (Torremozas 2006); El cuarto día (Calambur Editorial 2008); y Vísteme de largo (Calambur Editorial 2010). Cualquiera merece que se bucee en él, pero la niña de sus ojos ahora es Memoria salina, un poema-cinematográfico verdaderamente hermoso y sugerente, con piezas conmovedoras como La hija del capitán Nemo (también editado por Calambur, 2014).

-¿La llamo Cecilia o La Hija del Capitán Nemo?

-Cecilia como mi bisabuela, sí. Luego llámeme como quiera, pero sin faltar y si es para algo bueno.

-Es usted un poco atrevida, va por la vida de sirena, y en estos vídeos se la ve como tal, y realmente sugerente, además, aunque suene un poco machista.
 
-Con los años una pierde el pudor, es cierto aunque se avivan otros en la conciencia que nada tienen que ver con la desnudez física. Sobre todo al pudor ajeno. El concepto machista como tal me provoca eso mismo. Por otro lado, en la Historia del Arte se ha mostrado el desnudo como algo vinculante a la belleza, a la incitación de los sentidos para comprender la obra y el mundo que hemos ido creando. Creo que hay ejemplos más que suficientes pero le diré que en mi caso, esas escenas acuáticas que aparecen tanto en el tráiler de La hija del Capitán Nemo como en el de mi último trabajo La memoria salina se incluyeron intencionadamente para atestiguar el mensaje poético, osea, la virtud que entiendo debe constatarse en cualquier texto lírico como lo verdadero, aunque no esté escrito y genere lo indecible.

-¿La poesía es un canto de sirenas?

-Me conformo con pensar que sólo los que logren llegar a sus orillas se habrán salvado al menos de no caer en otros abismos, tal y como Homero describía en esa llamada poniendo a prueba la fortaleza de Ulises. Luego no se trata de taparse los oidos, sino dejarse tentar por el mensaje que hace de la poesía un llamamiento a la reflexión interior que facilite o haga al menos más ponderable el ser y estar.


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06/06/2015 |Leido 96 veces |



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